¿PRESIDENTE? … o ¿PANADERO?
Por amazzone • 19 May, 2011 • Sección: Francis SegoviaHabía una vez un hombre que quería ser panadero.
Siempre le había gustado el pan recién horneado, y pensaba que también se satisfaría por prepararlo para los demás.
Recorrió todo el pueblo en busca del lugar más adecuado para instalar el negocio. Consiguió un local en una esquina… empleó al constructor del pueblo… y pronto todo estuvo listo para ser abierto. Lucía, al fondo, brillantes instalaciones en acero inoxidable y nuevos equipos , además de relucientes vitrinas para exponer los productos.
Sin embargo… no le fue bien. Trabajó incansablemente. Anunció su panadería por todos los Medios que pudo. Pero fue incapaz de producir la clase de pan que él mismo había disfrutado antes. Cuando los clientes entraban a la nueva panadería, rara vez compraban. Y nunca más regresaban.
Finalmente, después de varios años de lucha, tuvo que admitir que había fracasado. Estaba a punto de declararse en bancarrota. Había puesto en práctica todo lo que él sabía para que su panadería tuviera éxito, pero nada había resultado.
Justamente cuando había decidido abandonar completamente la empresa, escuchó acerca de algo que revolucionó su mente totalmente. ¡Se enteró de que para hacer pan necesitaba harina!
La idea le pareció buena. ¡La harina haría la diferencia!
¿Ya descubrió de qué se trata?
Nadie puede creer que alguien pudiera pasar por alto una verdad tan primaria y sencilla… diríamos básica.
Se necesita harina para hacer pan.
Si alguna vez esperamos tener éxito en cualquier clase de negocio, necesitamos comprender ciertos requerimientos básicos.
No se puede hacer funcionar un banco sin dinero.
No se puede tener un ferrocarril únicamente con vagones.
Es imposible producir lana si no se tienen ovejas.
¿Y en la vida cristiana?
¿Cuántos de nosotros hemos pasado por alto durante años los principios fundamentales?
Hemos andado en busca de justicia, pero no hemos sabido cómo obtenerla. Sólo hemos logrado descubrir cuán frustrante resulta tratar de ser cristianos sin comprender cómo lograrlo.
Los periodistas empleamos ciertas preguntas claves para establecer los puntos sobresalientes de cualquier noticia. Estas preguntas también se pueden transferir a la vida cristiana.
La primera es “¿Qué?”
A veces nos resulta más fácil hablar del “qué” en la vida cristiana.
Qué hacer y qué no hacer para ser un cristiano y para ser salvo. Nos alimentamos con un régimen bastante pesado de eso.
¿Es malo hablar acerca del qué?
No, la Biblia contiene mucha información acerca del qué. Pero el qué, nunca puede constituir la base del cristianismo.
Luego sigue la pregunta: “¿Por qué?”
Esta es la pregunta intelectual. Es la que se usa para analizar… disertar… y discutir.
Es la mejor pregunta para ocupar el tiempo del estudio de la lección de grupos hogareños.
Por qué, puede ser una pregunta importante.
Dios dice: “¡Vengan y aclaremos las cosas!” (“y razonemos juntos”) (Isaías 1:18). No es malo razonar. Nosotros nacemos a imagen de Dios, con la habilidad de pensar y reflexionar. Pero tampoco el por qué es suficiente.
Otra pregunta es “¿Cuándo?”
¿Cuándo sucederán todas estas cosas? Pasamos horas analizando y tratando de explicar el cuándo. Tal vez muchos se interesen en el cuándo porque esperan embarcarse en el último tren. Otros se pre-ocupan porque temen que el cuándo los alcance antes de aprender cómo hacer el qué.
Si usted tuvo que crecer en medio del qué, del por qué y del cuándo, la siguiente pregunta lógica tiene que ser “¿Cómo?”
Se trata de una pregunta práctica que puede ayudarle a formular una teoría acerca de la justificación por la fe. Si usted no comprende el cómo, el resto sólo servirá para frustrarlo. Pero ni siquiera un conocimiento del cómo es suficiente, porque la justificación por la fe es más que una teoría. Y la pregunta ¿cómo? resulta de lo más emocionante cuando uno comprende que la respuesta al cómo es “¡Quién!”.
Jesús es el fundamento del cristianismo.
Es verdad que la Biblia habla acerca de buscar la justicia. Sofonías 2:3 lo dice claramente: “Buscad justicia”.
Y algunos de nosotros hemos pensado que para encontrar a Jesús debemos buscar la justicia.
Lamentablemente no hemos descubierto el cómo. Puesto que justicia es igual a Jesús, la forma de buscar la justicia consiste en buscar a Jesús. La justicia de Dios está personificada en Jesucristo. Al recibirlo, recibimos la justicia.
Hasta la próxima.
DIOS LE BENDIGA.
Alberto Mazzone

